Cuando
el agua de un río fluye a una temperatura adecuada, sin obstáculos,
ni suciedades, podemos meter nuestras manos en el río, usarla
para beberla o calmar la sed.
Si la temperatura desciende mucho, el agua se congela y forma bloques
de hielo. Si se estanca no se puede beber; si se calienta se vaporiza
y desaparece.
Lo mismo ocurre con la energía universal. Cuando fluye nutre,
pero si está desequilibrada nos perjudica. Si se queda estancada
o se mueve demasiado lento nos roba vitalidad y si por el contrario
avanza muy rápido, nos desconcentra.
